24 de septiembre 2015 – 8 de noviembre

Museo de Fotografía de Huete


Esta muestra pertenece al programa Cuenca en la mirada, que en el año 2006 puso en marcha la Diputación Provincial de Cuenca bajo la dirección de Publio López Mondéjar y la coordinación del fotógrafo conquense Vicente Tofiño.

En este programa, ya han participado grandes figuras del panorama fotográfico español como Isabel Muñoz, Ramón Masats, Castro Prieto o Díaz Burgos.

 

“Julian Green definió la imaginación como la memoria de lo que no ha sucedido. Pero hay otro tipo de imaginación, aquella cuyas criaturas no son meros reflejos, sombras, engaños adorables, sino las mismas criaturas del mundo. La imaginación como una facultad que no quiere la transfiguración de las cosas sino simplemente su contemplación, la restauración de ese saber inocente, que sólo existe en la mirada del niño. Ayudarnos a ver, esa es la verdadera tarea de la imaginación. ¿Pero ver qué? Ver los objetos y las criaturas del mundo. […]

A la manera de las notas que se toman en un pequeño diario, José Manuel Navia va dejando constancia con sus fotografías de su deambular por esos territorios olvidados de las ciudades y los pueblos en que vivimos. […] Un pequeño tren le lleva por la provincia de Cuenca, y va deteniéndose en distintos pueblos de su itinerario: Tarancón, Villanueva de Jara, Garcinarro, Enguídanos, Villar del Saz, Huete... […] No fotografía catedrales, ni retablos refulgentes, ni muchachas hermosas, ni mágicos atardeceres, sino paredes desconchadas, desmontes, perros famélicos. Se detiene donde ningún viajero lo hace, y sus fotografías nos hablan del paso del tiempo, de la pérdida, de las derrotas de la vida, pero también de la belleza inesperada, del misterio de existir. Nos hablan, sobre todo, de la luz, del espacio como un lugar de espera de la luz. […]

En una de sus fotografías, vemos un perro negro cruzando las vías del tren. Ha nevado y un manto blanco cubre e iguala las cosas. El perro, encogido de frío, y con el rabo entre las patas, vuelve inesperadamente su cabeza para mirarnos. En su ensayo La cámara lúcida Rolan Barthes distinguió entre el significado evidente de una fotografía, y lo que es puramente personal, “lo que perfora al espectador”. Es decir, ese algo que hace que una fotografía sea irrepetible. Barthes pensaba que la fotografía es el arte de la ausencia, porque siempre nos muestra algo que ha dejado de ser. El retrato en suma de una ausencia. Y en los ojos de ese perro está el mutismo de los animales, la imposibilidad de conocerlos, su vida al lado de la nuestra como la de dos mundos que no cabe conciliar. Navia fotografía su huida, el momento en que dejamos de saber lo que quiere. Sus fotografías no hablan de lo que conocemos, sino de lo que elude ese conocimiento. Eso simboliza la nieve, lo que no puede decirse; presencia que afirma la ausencia.

En otra fotografía vemos una ventana. Está tomada en la estación de Enguídanos, y se abre a un exterior cubierto de niebla. Un trampantojo, una ventana para no ver. Paul Klee dijo que la misión del arte no es representar lo visible, sino hacer visible lo que no vemos. Pues bien, la obra de José Manuel Navia surge de ese mismo deseo de visión. Se trata de una paradoja, como la de la ventana. La fotografía, que es el arte de lo visible, persigue lo que no se puede ver. Las fotografías de Navia tienen esa cualidad mental, se ocupan de los lugares pero, sobre todo, de los pensamientos de los que viven o han vivido en ellos. Navia sigue las huellas de esas miradas y esos pensamientos. Mira lo que otros miraron. Es lo que pasa con la fotografía de la chica en el tren. Navia no trata de sorprender a escondidas sus gestos o sus pensamientos más íntimos, sino su alma. Que el alma le dé algo al pensamiento, eso es mirar para él. […]

José Manuel Navia no fotografía lo que conocemos, sino justo lo que queda cuando nos desprendemos de ello. Su mirada es la mirada de los que no pueden volver. Nada les pertenece, nada puede ser suyo, y sin embargo quieren regresar a los lugares en que vivieron y tal vez fueron felices. No piden mirar las cosas para hacerlas suyas, sino para verlas por última vez. Es la mirada […] más pura, aquella con que mirarían los muertos el mundo si pudieran regresar. La que sólo anhela transformarse en luz.”

Gustavo Martín Garzo

Extracto del prólogo de Cuenca en la mirada. Navia escrito por Gustavo Martín Garzo

 

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Para saber más

Navia (Madrid, 1957)

Fotógrafo. Licenciado en Filosofía en 1980.

Mi trabajo como reportero va dando lugar a una fotografía más personal y demorada, siempre en color y en el ámbito de lo documental. Mis imágenes se nutren de una raíz profundamente ibérica y exploran territorios y gentes ligados de uno u otro modo a mis orígenes y a mi cultura. Me obsesiona el poder de significación de la fotografía y su relación con la literatura, con la palabra. Distintos medios de prensa, libros y exposiciones dan cuenta de mi trabajo:

Nóstos (2013) continúa mi línea de trabajo más personal, que se inició con Pisadas sonámbulas: lusofonías (2001, segunda edición 2008).

Otros libros y exposiciones: Navia (PhotoBolsillo) 2001; Desde la catedral, 2003; Marruecos, fragmentos de lo cotidiano, 2003; Territorios del Quijote, 2004; Viaje a la Historia, 2005; La creciente, 2006;  Antonio Machado, miradas,2007; Ciudades Patrimonio de la Humanidad, 2008; Un Madrid literario, 2009; Luz y sombra, 2014 y Cuenca en la mirada, 2014.

Y algunos libros y exposiciones colectivos: Vu’15 ans, Viaje a Madrid, Saharauis, sólo el desierto, Diez Miradas, 100 fotógrafos españoles, Visiones de Marruecos, Agence VU’galerie, Photo by Photo, Diccionario de fotógrafos españoles.

 

 

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Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Diputacion de Cuenca

Fundacion Antonio Pérez

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