15 noviembre 2014 - 18 enero 2015 

Centro de Arte Contemporáneo/ Cuenca


MIGUEL VILORIA PÍA CALAVERNARIO – A las orillas del poema.

Hay poemas dibujados no con abecedarios, sino con trazos firmes y símbolos enigmáticos que nos invitan a viajar por mundos íntimos aunque también transparentes.

La poesía es un buen paisaje para después de una guerra y es mejor revelar los cielos que acosar los lugares. En vísperas de mayo el árbol del solar

es una figura en el paisaje del Gólgota alimentado del silencio. Llegamos en otoño. Insepultos, arrastra- dos por el cielo más transparente.

(Mientras, Elia me pregunta por qué lento caracol de sueños).

 

Estas palabras bien podrían ser un poema. De hecho lo son, aunque se trate, esta vez, de un poema robado, porque en realidad son los títulos de algunas obras de Miguel Viloria, poeta oceánico, del otro lado tan cer- cano, que escribe con pinceles, que llena los lienzos blancos de versos de colores y que hoy arropa los textos difíciles de Cristina Falcón Maldonado en las páginas de Borrar el Paisaje, publica- do por la editorial Candaya con su acostumbrada pulcritud: es el amor a los libros que se hace presente a cada minuto y en el centro geométrico de cada respiración.

Los colores de Miguel son también un poco música. Estoy seguro de quien ama la pintura también ama los libros: es un buen matrimonio de hermosa conveniencia. Hoy sus trazos negros son como una línea añadida al pentagrama escrito de Cristina que nos hace soñar. Aunque sea con dolor. Aunque sean las ausencias y las melancolías las que esconden sus versos.

Es el paisaje íntimo escrito que se oye y el paisaje propio pintado que se ve. Territorios interiores que unas veces explotan con palabras y otras con colores, pero que siempre emergen de las profundida- des como lava que corre lentamente y que va conquistando el espacio que le pertenece. Después de permanecer acogidos, refugiados tal vez, en la trinchera albergando soledades, resistiendo distancias, las palabras vuelan y los pinceles dibujan enmarcando otras comarcas nuevas. Serán bienvenidos los espectadores, pero esta vez no son imprescindibles. Además, ya irán llegando acudiendo a la llamada porque pintar, porque escribir, aun sin multitudes, es en una necesidad corpórea de la que no se puede huir y que libera como muros que rompe un condenado.

SANTIAGO TORRALBA

 

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Calavernario A las orillas del poema, muestra las ilustraciones de Miguel Viloria al poemario de Cristina Falcón. 

En ella, además de ver los dibujos que aparecen en Borrar el paisaje, se puede observar una selección de obras del artista venezolano, y objetos que forman parte de su taller de trabajo.

Poeta y escritora de narración infantil. Cristina Falcón nace en Trujillo (Venezuela). Sus primeros contactos con la escritura aparecen en el Diario de los Andes y en el diario Panorama. Su estrecha relación con la poeta Ana Enriqueta Terán marca sin duda su primer libro de poemas, Premura sagrada (Caracas 1986). Entre Mérida y Trujillo mantiene contacto con los poetas Ramón Palomares, Raúl Valera, Douglas Bohórquez, Eduardo Zambrano y Margoth Carrillo. Luego comienza su errancia por el mundo: Bolonia (1988), Granada (1992), Ibiza (1996) y Cuenca (2003). De estos años son El libro de Mathias y Gaia (inéditos).
Ha publicado en la revista literaria Barcarola (Albacete, España) y ha sido incluida en la antología En-obra (poesía venezolana 1983-2008) (Equinoccio, Caracas, 2008). Parte de su creación está dedicada a los niños, como el libro Caja de Cuentos y Aventuras. De Aventuras por Cuenca (2006) o su colaboración en el suplemento literario Luna de papel. Es directora creativa del estudio Veo .

 

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