17 de septiembre - 2 de noviembre  2014

Centro de Arte Contemporáneo de Cuenca


Se trata de una exposición retrospectiva del artista, formada por un total de 68 obras repartidas entre la sede de Cuenca y el Museo de Obra Gráfica de San Clemente.

 

Manuel Solà es un escultor de larga trayectoria. Se inició en el mundo plástico a través de la pin- tura allá por los años ochenta, con unas obras que aprovechaban el grafiti , entonces de moda, para subrayar su disconformidad con la sociedad que habíamos creado y que ya manifestaba, entre exaltaciones de progreso y complacencia, los desequilibrios e injusticias que conducirían a graves crisis posteriores y actuales. El titulo de una obra del año 1989 es suficientemente significativo de su pensamiento en aquel momento: No tenemos esperanza. Y lo decía en plural, no como un grito personal, sino colectivo.

En el aspecto formal y técnico, poco a poco se va separando del soporte de la tela enmarcada para pintar sobre cartones y trozos de madera que se alejan de la superficie plana clásica y se acercan a elementos tridimensionales, a muebles, a vallas de jardín,... Era una pintura más literaria que pictórica. Por eso se inclina hacia la escultura.

Desde el primer momento se decantó hacia una obra construida, hecha de hierros, maderas y piedras halladas al azar. Elementos que casi nunca modifica. Como ya he comentado en otras ocasiones, Manuel Solà se mueve dentro de las vanguardias clásicas, utilizando el collage que inició tímidamente el cubismo y que de manera revolucionaria utilizaron los dadaístas y surrealistas para dar un nuevo sentido a los objetos, para revalorizar los objetos  rechazados y hallados. Decía que él desarrolla el collage de un modo plenamente personal, ya que no  incorpora un objeto a una obra más o menos desarrollada o acabada,  como tampoco da a un objeto un nuevo valor por si mismo, sino que construye la obra con elementos hallados casualmente. Es casi la solución a un rompecabezas no programado previamente. Decía que él construye una obra que casi desarrolla un discurso literario, buscando una palabra, hallando una frase que va dando sentido al conjunto. Va cerrando la pieza con un trozo de hierro, con unas herramientas de madera, con un guijarro, construyendo una poderosa imagen de un Kouros, de un antiguo carro solar, de un torso de un nuevo profeta.

Así, si vamos a Palafrugell a la Plaza del Museo Can Mario, nos encontraremos con un gigante personaje, la obra más destacada de las que ha hecho Sola. Es un Kouros construido con miles de piezas de hierro que resumen la trayectoria estética y conceptual del artista. Aquí es donde el constructivo escultor alcanza una dimensión coral, basculante entre la épica creadora y la mística.

Manuel Solà transitó, en los inicios de su trayectoria escultórica, por caminos mágicos de los carros solares de antiguos europeos; transitó entre rastros de antiguos y nuevos combates; siempre acercándose y exaltando los sentimientos mas diáfanos del hombre. Pero llegó un momento en que este hombre era incapaz de atarse a los símbolos y era del todo necesario construir una nueva generación de cabezas y torsos bien estructurados y mentes que giran hacia las esencias. Llegó un momento en que el nuevo hombre había de conectar con el viejo hombre. Y aquí es donde Manuel Solà interviene, construyendo un hombre que vuelve a dar valor al espíritu.

No se ha subrayado con suficiente insistencia el sustrato humanista que mantiene toda la obra de Manuel Solà, desde sus inicios. En el momento inicial era la protesta de los grafitis contra el orden establecido por una sociedad en la que prevalecen los valores materiales. Por eso al pasarse a la escultura se enlazó con los antiguos dioses solares; se enlazó con los más lejanos sentimientos religiosos donde el valor más profundo de aquellos primigenios europeos era la propia naturaleza.

Y más adelante fue el mundo griego el que le sugestiona. La imposición del hombre como valor definitivo. La obra de Manuel Solà se hace atractiva y sugerente por la original manera en que plantea y desarrolla el collage: la construcción de la forma mediante pequeños elementos hallados. Y es una obra que se hace densa y profunda en plantearse los valores más esenciales de la naturaleza humana. Así, tanto a nivel formal como conceptual, es un escultor que arraiga en los más profundos aspectos de nuestra cultura: el  hombre nuevo asentado sobre el viejo hombre. O sea, mantiene los planteamientos más profundos y esenciales de la civilización.

 Francesc Miralles

 

 

 

 

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