11 de agosto- 13 de septiembre 2009

Museo de Obra Gráfica /San Clemente


El Museo de Obra Gráfica de San Clemente acoge desde el día 11 de agosto una nueva exposición de pintura del joven artista albacetense José Callado. Exposición que está abierta al público, aunque no de manera oficial, desde el pasado miércoles, y ya son muchos los que se han acercado a verla.

Bajo el título Dentro del iris, José presenta una selección de casi 30 obras entre pasteles sobre papel de pequeño formato y técnicas mixtas obre tabla y lienzo de formatos más grandes, entre los cuales hay algunos dípticos y trípticos.

José Callado, joven artista autodidacta, le gusta pintar por el juego de atrapar la escena y por el movimiento dramático de la acción. Sus cuadros están llenos de texturas que enmarcan su expresionismo organizado a través del cual conduce al espectador hacia espacios y paisajes ambiguos y desolados. Una pintura entre la figuración y la abstracción, con grandes golpes de fuerza, que en algunos casos deja patente la pequeñez del ser humano ante la fuerza de la naturaleza.

Ha realizado exposiciones en diferentes salas, como las de el Museo municipal de Albacete en 2007, o en el Museo monográfico del azafrán en Teruel en 2006, entre otros, así como exposiciones colectivas en la Galeria Gaudí de Madrid, o en el Museo Municipal de Albacete, o en la sala de exposiciones del la CCM de Albacete.

Esta exposición, que pudo verse más completa en las salas de la Fundación Antonio Pérez de Cuenca hasta hace unos días, podrá verse en la sala de exposiciones del MOG durante todo el mes de agosto y parte de septiembre.

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ELOGIO DE LA SOMBRA

 

Decía Rilke que, (por todos los seres se despliega el espacio único, el espacio intimo del mundo), algo que al contemplar la exposición de José Callado, dentro del iris, se proyecta en totalidad, la de su mundo, en  una dimensión intima que se transporta a la categoría sensitiva de ensueño. Son paisajes desolados, inciertos para la memoria, algo así como ocurre con las ruinas circulares de Borges: engrandecen la calma y la contemplación del paisaje en una experiencia fenomenológica. Lo lejano se hace presente y el objeto que contemplamos se engrandece hasta fusionar en dos inmensidades que se alternan, acordes con la sobriedad cromática de su poética: la ausencia del hombre ante el paisaje se identifica con la soledad del pintor ante el lienzo en blanco, creando un laberinto existencial que se proyecta en una dimensión sobre la pintura misma. Si en Morandi se impone el valor de la atmosfera, de los contornos imposibles, sobre la figura detallada y precisa, dentro del iris de José Callado lo gélido, vaporoso y los sustratos orgánicos, configuran en sus lienzos un plano único que unos pueden entender como un mensaje ecológico entre la abstracción y el expresionismo, y otros, no se si los mas o menos, una indagación del artista entre la materia y la libertad creadora. A este respecto, el poeta José Ángel Valente, uno de mis preferidos, en material memoria reflexiona sobre este concepto: (crear, en suma, lo que ya es ruina, duración, la piedra fracturada: entrar no ya en el hoy, sino directamente en la memoria) y, creo, que resuelve esa dialéctica tan completa que se mantiene entre el creador y el ser que mira.

Personalmente soy de los que entienden el cuadro, la obra de arte, como presencia, como un acto creativo que no dice ni explica; solo existe, un reduccionismo que sin embargo creo escuela en la critica filosófica francesa de los años sesenta, considerando la creación artística como algo misterioso en cuyo desarrollo se va dando forma a un espacio virgen, siempre explorando tendencias nuevas, irresueltas, y connotadas con artificios literarios del lenguaje a modo de socorrida retórica. Borges, el omnipresente Borges, dijo al respecto, y creo que ilustra lo anteriormente expuesto que( ciertos crepúsculos y ciertos paisajes quieren decirnos algo, o algo dijeron, que no hubiéramos debido perder; o están todavía por expresar algo; esta inminencia de una revelación que no produce es, quizá, el hecho estético)

 

José Callado, en su exposición, nos ofrece a primera vista una obra denotativa como un atlas, geofísica del deleite: meandros, paisajes áridos y nevados, nubes, ruinas, escollos, bosques, deltas…. Que emergen o sepultan un mundo caótico, quizá el de Nietzsche. Efectos que en el cuadro ofrecen una tentativa de hacer coincidir con un expresionismo orgánico con la desgarradora elocuencia de quien plasma un reencuentro intimo con la realidad y el deseo, Cernuda.

 

José Manuel Martínez Cano

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